La mirada femenina de Hitchcock




A Daphne Du Maurier la leí hace apenas un par de años. Solo conocía la versión que realizara Hitchcock de su novela Rebecca (1939) y que viera de niña. También de mi infancia recuerdo Los pájaros (Tippi Hedren y Rod Taylor): la escena de la cabina telefónica, y la del hombre que yacía con las cuencas de los ojos destrozadas por las aves. No supe hasta hace poco que también se inspiró en el cuento del mismo nombre escrito por la autora británica. Del relato, el cineasta conserva  el hilo conductor: los pájaros enloquecidos que un día comienzan a atacar un pequeño pueblo costero. Del resto, el cineasta construyó una historia diferente. No diré lo de siempre, que el texto es mejor que la película. Ambos son excepcionales, el relato, ampliamente recomendable gracias a un sostenido  suspenso, las acciones desesperadas de los personajes y a lo desconocido, eso ominoso que impulsa a los pájaros a revelarse.

De la novela Rebecca suelen decir que es un tratado acerca de “los celos”, pero yo encuentro que es mucho más que eso (eso sería simplificar la obra, reducirla a un mero folletín). Porque Du Maurier explora territorios femeninos poco abordados por la literatura. La mujer y su oscuridad, sus emociones más complejas y contradictorias. Tan complejas como la naturaleza que rodea Manderley (un orden estricto, quizás masculino), por un lado campiña, por otro acantilados y el sonido del mar. SI bien en el film, Hitchcock otorga importancia a los espacios (Montecarlo, la cabaña cerca de la playa) será en la novela donde estos logren mayor protagonismo.


También a esa autora pertenece Jamaica Inn (1939), la novela y que fue la última película realizada en Inglaterra por Hitch en su adaptación para la pantalla con Charles Laughton y Maureen O´Hara. 


Siempre omnipresente el mar, tempestuoso como las emociones y la subjetividad del personaje femenino, quien debe romper el orden perfecto, el equilibrio masculino: corrupto y desquiciado,  tan sutil que cuesta reconocer el desequilibrio que oculta. Con esas contradicciones que las apariencias no dejan ver juega Hitchcock en sus películas (y quizás sus propias contradicciones vitales, si vamos a creer que era tan misógino como lo describen quienes le conocieron), algo que se repetirá una y otra vez en su filmografía.  y que bastante debe a escritoras como Daphne Du Maurier.



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