EL TREN, A VECES PROTAGONISTA, A VECES ESCENARIO







No hay película o novela inglesa donde no aparezca una estación de trenes o por lo menos se mencionen los nombres de estaciones, la hora de llegada o hasta los modelos de las máquinas. Impulsores del transporte ferroviario y la revolución industrial, los trenes forman parte de la identidad y la cultura de Gran Bretaña: Sir Arthur Conan Doyle, Oscar Wilde o Agatha Christie lo han incluido en sus relatos,  más de un crimen ha ocurrido en un cadencioso vagón. Los trenes forman parte del imaginario infantil. Siempre admiré esas películas en las cuales muchas escenas transcurrían en vagones con enormes asientos y compartimentos en los que podían echarse cortinas si se deseaba privacidad. Un mundo en cada coche y yo soñaba con subir a uno de esos, ya desaparecidos trenes.
Alfred Hitchcock utiliza este agitado escenario para múltiples escenas en varias de sus películas: sea en primera clase, en tercera o peligrosamente, oscilando el protagonista al borde del abismo mientras lucha con el asesino y sosteniéndose apenas de la portezuela de un vagón. Subiendo o bajando, llegando o partiendo, arrojando a alguien a la vía, queriendo acallar al enemigo, el tren está presente en varios de sus films.

                       

The Lady Vanishers (La dama desaparece, 1938) corresponde a la etapa británica de Hitchcock y está basada en la novela del mismo nombre escrita por Edith Lina White. Entre comedia, suspenso, thriller y espionaje se sitúa esta película, con un argumento que será recurrente en varios de sus films donde todo pareciese conspirar contra la protagonista (Margareth Lockwood), quien debe demostrar que no está loca y que la desaparición que denuncia no es producto de su imaginación. La acompañará en esta aventura Michael Redgrave (padre de la también actriz Vanessa Redgrave), sorteando ambos situaciones de pesadilla y donde todos tienen algo que ocultar.
La trama transcurre en gran parte al interior del tren que se desplaza por un imaginario país de Europa central, mosaico de personajes y sus posturas ante la situación que experimenta la protagonista en una metáfora de la inminente guerra.

                        

En un tren se traman intrigas, cometen asesinatos y urden conspiraciones varias  como en The shadows of a doubt, con Joseph Cotten (1943).  Stranger on the train, (1951) se basa en la novela homónima de Patricia Highsmith y cuyo guion fue realizado por el también novelista, Raymond Chandler. En ambas  producciones, Hitchcock construye personajes con distintos grados de patologías mentales.


 Una muy antigua  es Secret Agent (1936) con John Gielgud en el papel de escritor convertido en agente del servicio secreto británico (Ashender) acompañado de  Peter Lorre, “El general”. Espías, crímenes y confusión de identidades, temas favoritos de Hitchcock y un tren que recorre Europa entre ataques  alemanes. Parte de la trama estaría basada en hechos reales pues el cineasta británico se basó, para su película, en dos cuentos escritos por Somerset Maugham, quien también se desempeñó como correo durante la Gran Guerra. Varias obras de Maugham fueron adaptadas al cine, como Al filo de la navaja (Razor´s edge, 1946), con Tyrone Power y Gene Therney y Human Bondage con la joven y ya excepcional Bette Davis y Leslie Howard. Films a los que me referiré en otro post, pues son películas a las que retorno una y otra vez y donde cada vez encuentro algo nuevo.




Finalmente será en un tren donde se conozcan y enamoren los protagonistas de Suspicion de 1941 (Joane Fontaine y Cary Grant) o The West by northwest, (nuevamente Grant y  Eva Marie Saint  1954). Pero de los guapos de las películas de Hitchcock escribiré mañana.


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