Lady Vanishes o cuando ya es demasiado tarde para tomar partido
Lady Vanishes, o La dama
desaparece, una de esas películas de la etapa inglesa de Hitchcok que,
aunque posea elementos que no envejecieron muy bien, sigue conservando un ritmo
cargado de humor, de absurdo casi hasta la pesadilla, situaciones inquietantes
y una velada referencia a la situación de pre-guerra en Europa. Se criticaba al
cineasta el no haber tomado partido de inmediato, pero claro, eran otros
tiempos.
Sin embargo, no puedo evitar
pensar en Bertold Brecht, con aquello de las consecuencias que conlleva la
neutralidad, el mantenerse al margen y que cuando decidimos actuar, ya parece
ser demasiado tarde. La escena en que el
tren se detiene en la frontera, el
enfrentamiento, la muerte de los que no quieren involucrarse, es todo tan frenético que hasta dan ganas de llorar porque pensamos en
esas realidades y en una lógica trastocada por el contexto en que se vivía. Realidades tan lejanas en aquel año de 1938, pero tan cercanas porque es
como una rueda que gira. Una historia de la que poco hemos aprendido y que
Hitchcock nos recuerda con ese viejo film, incluso con sus ingenuas escenas
domésticas de un humor que ya no nos parece tal. Nuestra cotidianidad ya no es tan inocente
como parecía ser entonces, según nos mostraba el cineasta, pero la pesadilla que
acecha, continúa siendo una pesadilla, aunque no venga en un tren inglés con una simpática y anciana institutriz .


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