Recuerdo que durante mi niñez, pasaban por la tele, en las tardes películas B, del tipo “El monstruo de la laguna negra”, comedias de Abbot y Costello o musicales (amé desde entonces las piruetas de Gene Kelly y la música de Gershwin aunque entonces no conociese sus nombres). Me aterrorizaban, pero no podía dejar de ver films como The Fly (1958), basada en el cuento de Mark Gheellan y sobre invasiones de animales varios, invasiones extraterrestres y transformaciones que escapaban a la lógica y la ciencia (recuerdo una escena de una chica que se convertía en gigante y lo mismo le ocurría a un perro, con las consecuencias que ello traía, siempre a un pequeño, apacible y sencillo pueblo norteamericano que salía así de la rutina de forma inesperada y violenta). Había en todas esas pelis de las tardes, animales domésticos de los que forman parte del cotidiano, como gatos, perros o canarios; otros eran más exóticos (jaguares, leones, monos) y espeluznantes (a...
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