The lodger, a story of the London fog,







EL inquilino (1927) merece párrafo aparte, porque se trata de una película muda, de las primeras de Hitchcock que tuvo repercusión en la taquilla y donde se pone de manifiesto la fijación del cineasta con las rubias, en este caso, víctimas de un sicópata que acecha en las calles londinenses, apenas visibles entre la densa neblina, una versión de Jack el Destripador.

Con una historia oscura, la de un asesino en serie, guiños al expresionismo alemán y un galán (Ivor Novello) que quizás inspiró en su estética a más de un cantante new wave de los 80s gracias a la delicadeza de sus rasgos, belleza que el maquillaje para el cine de aquellos años acentuaba.  Pese a lo antigua (hay que leer los carteles que sintetizan diálogos) y al exceso de dramatismo en la gestualidad de los actores (visto con ojos de la inmediatez  y superficialidad del siglo XXI)  no deja de tener ritmo y suspenso y hasta de conmover con la historia de sus personajes. 



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